EL PATO Y EL ÁGUILA

Cierto día, Daniel, un asesor inmobiliario, quien llevaba “mala racha”, había quedado de ver a un cliente muy temprano; sin embargo los apuros de la mañana hicieron que se retrasara y ya que su auto no circulaba, sin pensarlo salió corriendo a la avenida principal para tomar un taxi.

Cuando el taxista se acercó, notó que el auto estaba limpio y brillante, no obstante su estrés causado por “el poco tiempo que llevaba” hizo que no le diera mayor importancia.

El chofer bien vestido: con una camisa blanca, corbata negra y pantalones negros, salió del auto, y presuroso le abrió la puerta trasera del taxi, para después regresar al volante.

– “Soy Marcos, su chofer y será un gusto llevarlo a donde me indique”.

Daniel, impactado por la amabilidad y atención del conductor, dio a Marcos las instrucciones para llegar a su destino.

Aún asombrado, se percató que el interior del auto estaba igual que el exterior: impecablemente limpio, y notó en una de las ventanas una calcomanía que decía: “Misión de Marcos: Hacer llegar a mis clientes a su destino de la manera más rápida, segura y económica posible brindándoles un ambiente amigable”.

– ¿Gusta café?… cuento con termos de café regular y descafeinado – dijo Marcos con buen ánimo.

– No, preferiría un refresco – contestó Daniel en tono incrédulo.

– No hay problema, tengo una hielera con refrescos regulares, dietéticos, agua y jugos – respondió Marcos sin dudar y esbozando una gran sonrisa.

– Un refresco dietético está bien, gracias.

Daniel apenas podía creer tanta atención por parte del taxista…

Y mientras éste le pasaba su bebida y una servilleta, añadió:

– Si desea leer algo, cuento con varios periódicos y revistas, así como publicaciones especializadas y de cultura general. Ahora que si prefiere escuchar radio, estas son las estaciones que sintonizan el estéreo y la lista de canciones que tocan – dijo, pasándole un cartón plastificado con la información.

Anonadado, Daniel no artículo palabra alguna y sólo se limitó a darle un vistazo al catón proporcionado por el taxista.

Además, Marcos le dijo que contaba con aire acondicionado; le avisó cuál sería la mejor ruta a su destino y le hizo saber que si lo deseaba podía conversar con él o bien, podía dejarlo solo en sus meditaciones.

– Dime Marcos, -preguntó Daniel totalmente asombrado- ¿siempre has atendido a tus clientes así?

Marcos sonrió a través del espejo retrovisor…

– No, no siempre; de hecho sólo los dos últimos años. Mis primeros tres años manejando los malgasté quejándome la mayor parte del tiempo, igual que el resto de los taxistas. Sin embargo, un día escuche en la radio a una persona que me cambió la vida, era un especialista en Desarrollo Humano y mencionó que todos tenemos el poder de obtener lo que deseamos, si creemos de verdad en ello; mencionó que si alguien se levanta esperando tener un mal día, seguro lo tendrá. Aún recuerdo sus palabras, dijo: “Deja de quejarte, sé diferente a tu competencia. No seas un pato, sé un águila. Los patos sólo hacen ruido y se quejan, las águilas se elevan por encima del grupo.”

Y eso me hizo eco, fue como si me estuviera hablando a mí; yo estaba todo el tiempo haciendo ruido y quejándome, fue entonces que decidí cambiar mi actitud y ser un águila. Miré alrededor, vi a los otros taxis y sus choferes: los autos estaban sucios, los conductores no eran amigables y los clientes rara vez estaban contentos con el servicio. Así que decidí hacer algunos cambios y vi que mis clientes respondieron bien, así que seguí haciendo las cosas cada vez mejor.

– Se nota que te ha ido bien – dijo Daniel.

– Definitivamente sí – contestó Marcos con gran entusiasmo – Mi primer año de águila dupliqué mis ingresos y éste año posiblemente lo cuadruplique. No es por nada, pero tuvo suerte de tomar mi taxi hoy. Usualmente ya no tomo pasaje en las avenidas o paradas, mis clientes hacen reservación a través de mi celular o dejan mensajes en mi contestador. Si yo no puedo servirlos consigo un amigo taxista águila confiable para que haga el servicio”

– Wooow, qué fenomenal – concluyó Daniel.

Ya en su destino, y con el ánimo renovado tras la experiencia con el taxista, Daniel se dirigió a su cita con el cliente, con un solo y firme pensamiento: ser un águila. Ese día, no sólo logró cerrar el negocio, sino que también consiguió exclusivar varias propiedades.

A partir de entonces, Daniel, inspirado por Marcos, dejó de poner escusas, decidió ya no quejarse como los patos, y volar alto como las águilas.

¿Tú qué eliges ser?…

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