EL DISCÍPULO Y EL MAESTRO

Un joven discípulo que quería llegar a ser como su maestro va a visitarlo.

El maestro que además era propietario de un ostentoso reino, lo recibe, y el joven le pregunta:

-Maestro, cómo hace para tener tanto dinero, riqueza y poder, y seguir siendo el mismo que hace 20 años; cómo hace para ser tan humilde y estar al servicio de los demás; deseo conocer su fórmula para no dejarse llevar por tanta fortuna, me podría contar su secreto.

– Haré algo mejor que contártelo, te lo mostraré – respondió el maestro – ven hoy por la noche y conocerás mi secreto.

Y tal como acordaron, al llegar la noche, el joven regresó a ver a su maestro.

– Me alegra que hayas vuelto, veo que de verdad te interesa aprender. Ahora voy a enseñarte cómo he logrado todas las riquezas conservando mi espíritu intacto, pero hay una condición…

– Lo que sea maestro, dígame qué tengo que hacer.

– Toma esta vela, préndela y mantenla encendida; tendrás que seguirme llevando la vela todo el camino, pero si se te apaga te decapitaré.

– ¡Está bromeando, maestro!, ¿de verdad me quitaría la vida por la luz de una vela?

– Si quieres conocer mi secreto, esa es la condición-, replicó el maestro.

– ¡Está bien maestro, lo haré!

El maestro comenzó una larga y pesada caminata recorriendo su reino. El discípulo llevó con cuidado y esfuerzo la vela encendida a lo largo de todo el trayecto.

Ya cansado, con la vela casi por terminarse y preocupado por la posibilidad de que fuera a apagársele, dijo:

– Maestro lo he seguido todo el camino, la vela está por terminarse y aún no me ha mostrado su secreto.

– Te equivocas: ¿prestaste atención a todas las riquezas que tengo, las viste?

– No maestro, no vi nada, sólo puse atención a la vela para mantenerla encendida, pues de ello dependía mi vida.

– Exacto, eso es lo mismo que yo he hecho desde hace 20 años; no me enfoco en lo que tengo, sino en quién soy, porque eso es lo que verdaderamente importa. Tu vida es como la luz de esa vela que tanto cuidaste, justo de esa manera es como tienes que cuidar tu espíritu, para poder ser luz para otros y guiarlos; incluso para guiar tus propios pasos necesitas llevar dentro una vela encendida. Y como consecuencia de ser así, tendrás todo lo que deseas. Enfócate en quién eres y en quién quieres ser realmente. En mi caso, nunca me enfoqué en si tenía o no tenía, sino en quién fui llamado a ser y he mantenido siempre encendido mi fuego interior, pues si se apaga, mi vida se marchita.

 

Prende tu luz y mantenla encendida; nunca dejes que el dinero, las personas o las circunstancias apaguen esa llama.

¡Enfócate y lograrás tus objetivos!

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